Tu pasión también puede pagar la renta
- soybrandiosa
- 19 ago
- 7 min de lectura
5 mujeres que le apostaron a su mirada,
Especial mujeres fotógrafas emergentes | by @brandiosa

Vamos a decirlo sin rodeos: nadie te va a descubrir.
No hay un algoritmo esperando a que publiques la fotografía perfecta para cambiarte la vida de la noche a la mañana. Tampoco existe una edad correcta para empezar, una cámara mágica que garantice el éxito o una fórmula secreta para convertir una pasión en una profesión. Y aunque puede sonar duro, también es una buena noticia.
Porque significa que tu historia no tiene que depender de que alguien llegue a decirte: “tú sí tienes talento, deberías dedicarte a esto”.
Puedes empezar tú.
Puedes aprender tú.
Puedes insistir tú.
Y, con el tiempo, también puedes cobrar por aquello que sabes hacer.
Este 19 de agosto, Día Internacional de la Fotografía, en Brandiosa quisimos hablar de algo que va mucho más allá de una cámara, un lente o una fotografía bonita para Instagram.
Queremos hablar de las mujeres detrás del lente.
De esas mujeres que decidieron confiar en su manera de mirar. Que encontraron en la fotografía una herramienta para contar, documentar, crear, cuestionar, comunicar y, por qué no, también para ganarse la vida.
Porque durante mucho tiempo hubo oficios, espacios y profesiones que parecían tener una puerta con un letrero invisible que decía: “esto no es para ti”.
Y aunque todavía existen brechas, prejuicios y obstáculos, algo ha cambiado.
Hoy tenemos más posibilidades de aprender. Más herramientas para mostrar nuestro trabajo. Más espacios para crear comunidad. Más formas de trabajar de manera independiente. Y, sobre todo, tenemos algo que muchas mujeres antes que nosotras tuvieron que conquistar a pulso:
la posibilidad de decidir qué queremos hacer con nuestra propia mirada.
No todas empezamos con la mejor cámara.
No todas tenemos contactos.
No todas podemos permitirnos estudiar fotografía desde el primer día.
No todas tenemos el mismo tiempo, dinero o condiciones.
Pero cada vez existen más caminos para comenzar.
Y cinco mujeres nos recuerdan justamente eso.
Monserrat Vélez: convertir la curiosidad en profesión
Con ocho años de trayectoria dentro de las industrias lúdicas, Monserrat Vélez ha construido una carrera donde la fotografía se encuentra con la creatividad, la cultura pop y las técnicas mixtas.
Su trabajo ha llevado figuras coleccionables a imágenes que han aparecido en portadas de álbumes musicales, podcasts y programas de radio. También desarrolla fotografía de producto y cobertura de eventos relacionados con música, videojuegos y juegos de mesa.
Pero hay otra parte de su trabajo que resulta especialmente interesante: sus proyectos de fotografía artística, donde explora narrativas surrealistas y poéticas, así como la manera en que habitamos los espacios.
Actualmente es directora multimedia en Frik-in, cofundadora de LST Estudio y colaboradora de Mega Mixtape.
Su historia nos recuerda que una pasión no tiene que caber en una sola categoría.
Puedes hacer fotografía comercial y fotografía artística. Puedes trabajar con marcas y al mismo tiempo desarrollar tus propios proyectos. Puedes amar la cultura pop y construir una carrera alrededor de ella.
La mirada también puede ser un territorio profesional.
Marianne Pérez Mooren: quince años contando historias
Hay fotografías que simplemente registran lo que ocurrió.
Y hay otras que consiguen que, años después, todavía podamos sentir lo que estaba pasando.
Marianne Pérez Mooren lleva más de 15 años trabajando profesionalmente con la imagen y ha construido una mirada donde lo documental convive con una sensibilidad estética enfocada en capturar momentos auténticos, naturales y atemporales.
Para ella, fotografiar no consiste únicamente en apretar el disparador.
Consiste en observar.
Esperar.
Entender.
Encontrar ese instante que quizá dura apenas unos segundos, pero que puede permanecer en una imagen durante toda la vida.
Quince años también hablan de algo que a veces olvidamos cuando vemos únicamente el resultado final:
la trayectoria se construye fotografía por fotografía.
No todo se vuelve extraordinario desde el primer intento.
La práctica también es parte del talento.
Fabi: empezar antes de tenerlo todo resuelto
Fabi estudia biología y también es fotógrafa de datos.
A sus 20 años encontró en la fotografía una forma de acercarse a la naturaleza y compartir aquello que muchas veces pasa desapercibido.
Y aquí queremos hacer una pausa.
Porque existe una idea bastante cansada de que para dedicarte profesionalmente a algo primero tienes que tener absolutamente todo resuelto.
El título.
La experiencia.
La cámara.
El portafolio.
Los contactos.
El dinero.
La seguridad de que vas a funcionar.
Spoiler: casi nadie empieza así.
Fabi representa justamente esa etapa en la que todavía estás aprendiendo, experimentando y descubriendo cuál es tu voz.
Y eso también es construir una carrera.
No tienes que esperar a convertirte en experta para comenzar a tomarte en serio lo que haces.
A veces una profesión empieza como curiosidad.
Después se convierte en práctica.
Después en portafolio.
Y un día alguien pregunta:
“¿Cuánto cobras por hacer esto?”
Valeria Voraz: encontrar historias entre la multitud
Fotógrafa, poeta, docente, deportista, reportera y fundadora de Brandiosa, Valeria Voraz encontró en la fotografía otra manera de contar historias.
Su trabajo se ha enfocado especialmente en retratar mujeres dentro de espacios multitudinarios: conciertos, eventos y encuentros donde cientos de personas pueden estar viviendo el mismo momento, pero ninguna experiencia es exactamente igual.
Ahí está una de las posibilidades más poderosas de la fotografía:
hacer visible a una persona dentro de la multitud.
Porque una cámara no solamente registra quién estuvo ahí.
También puede decidir a quién mirar.
A quién darle espacio.
Qué historia contar.
Qué emoción conservar.
Y cuando detrás de esa cámara hay una mujer, también existe una perspectiva que durante mucho tiempo no estuvo suficientemente representada.
No porque las mujeres no estuvieran mirando.
Sino porque muchas veces no tenían acceso a los espacios desde donde podían contar lo que veían.
Hoy podemos abrir esos espacios.
Y también crear los nuestros.
Andrea “Golden Fingers”: no tienes que elegir una sola versión de ti
Fotógrafa, poeta y abogada.
A primera vista podrían parecer tres caminos completamente diferentes.
Pero quizá ahí está justamente lo interesante.
Nos enseñaron durante mucho tiempo que había que escoger.
¿Qué vas a ser cuando seas grande?
Como si tuviéramos que responder con una sola palabra.
Abogada.
Fotógrafa.
Escritora.
Artista.
Emprendedora.
Y si después cambiábamos de opinión, parecía que habíamos fracasado.
Andrea “Golden Fingers” representa otra posibilidad: hacer que distintas pasiones convivan.
La fotografía puede conversar con la poesía.
La poesía puede alimentar una manera de observar.
El derecho puede aportar otra forma de analizar las historias.
Nuestra experiencia no se desperdicia cuando cambiamos de rumbo.
Se acumula.
Se mezcla.
Se convierte en una mirada que nadie más puede tener exactamente igual.
Y quizá esa sea una de las mayores ventajas de crecer: descubrir que no tienes que empezar de cero cada vez que algo nuevo te apasiona.
¿Y si sí se puede pagar la renta con lo que amas?
Aquí viene la parte que quizá necesitábamos escuchar hace unos años.
Sí, se puede intentar vivir de una pasión.
Pero no porque la pasión sea suficiente.
La pasión no sustituye aprender a cobrar.
No sustituye hacer presupuestos.
No sustituye cumplir fechas.
No sustituye construir un portafolio.
No sustituye aprender a vender tu trabajo.
No sustituye administrar tu dinero.
No sustituye levantarte después de un proyecto que salió mal.
La pasión es el motor.
Pero el oficio es lo que hace que ese motor avance.
Y eso aplica para la fotografía, el diseño, la escritura, la música, la ilustración, la comunicación, la cocina o cualquier cosa que alguna vez nos dijeron que era solamente “un hobby”.
Porque también nos hicieron creer que trabajar en algo que nos gusta era un lujo.
Y quizá la verdadera revolución está en intentar convertir aquello que hacemos con amor en algo que también tenga valor económico.
Que nos paguen por nuestra creatividad no le quita romanticismo a la pasión.
Le da independencia.
La cámara también puede ser una forma de libertad
Cuando miramos el trabajo de estas cinco mujeres, encontramos cinco historias completamente diferentes.
Una fotografía desde la cultura pop.
Otra desde la documentación.
Otra desde la naturaleza.
Otra desde los eventos y las personas.
Otra desde la mezcla de disciplinas.
No hay una sola manera correcta de ser fotógrafa.
Y tampoco existe una sola manera correcta de construir una carrera.
Quizá esa sea la parte que más nos gusta de esta historia.
Que hoy una mujer puede tomar una cámara y decidir qué quiere mirar.
Puede aprender con un teléfono.
Puede comenzar con una cámara prestada.
Puede estudiar de manera formal o aprender haciendo.
Puede trabajar para alguien.
Puede trabajar por su cuenta.
Puede crear una empresa.
Puede hacer arte.
Puede hacer fotografía comercial.
Puede hacer todo lo anterior.
Puede cambiar de opinión.
Y sí, todavía hay desigualdades. Todavía hay mujeres que tienen menos acceso a recursos, equipo, formación, tiempo y oportunidades. Por eso hablar de mujeres emergentes también significa hablar de abrir puertas y hacer comunidad.
Porque ninguna de nosotras llega completamente sola.
Alguien nos enseñó.
Alguien nos recomendó.
Alguien compartió nuestro trabajo.
Alguien pagó nuestro primer proyecto.
Alguien creyó en nosotras cuando todavía estábamos aprendiendo a creer en nosotras mismas.
Y ahora nos toca hacer lo mismo por alguien más.
Si crece una, crecemos todas
Este Día Internacional de la Fotografía no queremos celebrar solamente las fotografías.
Queremos celebrar las miradas que están detrás de ellas.
Las que llevan años trabajando.
Las que apenas comienzan.
Las que todavía no tienen la cámara que quieren.
Las que hacen fotografía mientras estudian.
Las que tienen otro trabajo y fotografían por las noches.
Las que están armando su primer portafolio.
Las que ya viven de esto.
Las que todavía están intentando descubrir cómo hacerlo.
Porque todas forman parte de la misma conversación.
Y si algo nos enseñaron las mujeres que vinieron antes, es que muchas de las puertas que hoy parecen normales tuvieron que ser empujadas por alguien.
Así que sí.
Haz la foto.
Aprende.
Practica.
Experimenta.
Publica.
Arma tu portafolio.
Cobra.
Equivócate.
Vuelve a intentarlo.
Y cuando llegue otra mujer con una cámara en la mano, en lugar de preguntarte si hay espacio para las dos, recuerda:
el espacio también se puede ampliar.
Porque tu mirada importa.
Tu trabajo tiene valor.
Y aunque nadie venga a descubrirte de la nada, puedes construir tu propio camino.
Tu pasión también puede pagar la renta.
Y cuando una mujer logra vivir de lo que ama, no le quita espacio a las demás.
Abre camino.
Porque en Brandiosa creemos en algo muy sencillo:



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